Mi cariño por este libro surgió por muchas razones y al mismo tiempo solo una: las zarigüeyas. O tlacuache como lo conocemos en México. En general, este amigo marsupial no es muy aceptado entre la sociedad, lo cual tiene cierto tinte de ironía porque no tienes que ser aceptado para merecer respeto, y la especie de mi pequeño amigo ha batallado por tenerlo.

La historia con mi tlacuache no es muy extravagante, pero podría describirla como una muestra perfecta de conexión, observación y tiempo. Una noche de agosto, después de una bella lluvia que logró apaciguar el calor, salí al patio con la linterna encendida, aún seguía nublado y le era imposible a la luna hacer su trabajo de iluminación.

Caminé, por el mismo sendero de tabique de todos los días, observé las mismas flores, los mismos arbustos agradecidos por la llovizna, hasta que me percaté de una bolita inusual en uno de ellos. Un montículo de pelo grisáceo caminaba con la calma y la despreocupación de quien está en su propia casa.

No tenía idea de quien era ni a qué especie pertenecía, pero estaba maravillada con la calma que desprendía, lo alucé con la linterna y para la mayor de mis sorpresas me miró, sostuvo la mirada unos segundos y siguió su camino. Él no se asustó ni un poco.

La convivencia con mi Tlacuache comenzó ese día.

Fui aprendiendo de él con calma, fue mostrándome los alimentos que prefería, cuales no le apetecían, los que podría comer diario y los que ni de chiste comería. Aprendí su hora de salida a mi patio (porque es un animal nocturno), y entre desvelos fui conociendo sus acciones, su forma de mover la nariz cuando está alerta, el color de su pelaje, su espíritu curioso, la profundidad de sus ojos cálidos al mirarme.

Cuando no llevaba a comer yo sufría e inevitablemente me preocupaba, una parte de mi sabe que vive en un peligro constante provocado por la baja aceptación y el miedo que la gente le tiene, cuando yo sé que no tiene nada de feroz ni temible.

Cuando aparecía después de unos días de ausente un suspiro de tranquilidad inundaba mi ser, mi pequeño amigo seguía con vida.

Él se volvió parte de mi familia, parte de mi vida.

Una zarigüeya en mi mochila es un libro completamente infantil, tan corto que fácilmente se termina de leer en media hora, posiblemente menos.
Con un lenguaje digerible para los pequeños, una historia que gira en torno a Ramona, la Zarigüeya que decidió mudarse a una mochila. Pero sobre todo, es una forma de transmitir el cuidado, el aprecio y el respeto por los animales.



Título: Una zarigüeya en mi mochila.
Autor: Erika Zepeda.
Ilustrador: Juan Gedovius.
Año: 2016.
Páginas: 64
Editorial: SM ediciones

Sinopsis:

No hace mucho tiempo, una zarigüeya vive en mi mochila y desde entonces tengo muchos problemas. Es muy parrandera y no siempre es agradecida. En mi escuela se corrió el chisme y ahora todos quieren tener una. Pero el colmo de mi mala suerte fue el día que se metió en uno de los cajones de la maestra y cuando ella la descubrió, se armó todo un lío.

Lo puedes conseguir en En el siguiente link https://www.gandhi.com.mx/una-zarigueya-en-mi-mochila-1


Espero que les haya gustado. ¡¡Nos vemos pronto para seguir compartiendo el enorme, y hermoso amor que sentimos por los libros!!


Te invito a que me sigas en mis redes sociales. Me ayudaría muchísimo 🙂 Gracias

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